La Federación Internacional de Diabetes (FID) integró formalmente la diabetes tipo 5 en sus registros en 2025, un reconocimiento que divide a la comunidad médica y científica global sobre los criterios de diagnóstico de esta patología.
Esta variante de la afección metabólica, que de acuerdo con estimaciones de investigadores independientes podría afectar a hasta 25 millones de personas en todo el mundo, se asocia de manera directa con largos periodos de mala nutrición durante la infancia y la adolescencia.
No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene su postura de no reconocer de forma oficial este tipo debido a la ausencia de evidencia clínica concluyente.
El impacto de la diabetes tipo 5
La incorporación de esta categoría por parte de la FID, entidad que agrupa a 251 asociaciones nacionales de diabetes, contrasta con la posición de la OMS.
El organismo sanitario de las Naciones Unidas determinó que los datos científicos actuales son insuficientes para tipificarla como una variante independiente de las formas autoinmunitarias (tipo 1) o de resistencia celular (tipo 2).
Esta falta de consenso repercute directamente en los protocolos de atención, dado que el padecimiento afecta a poblaciones vulnerables donde la desnutrición crónica alteró el desarrollo del páncreas, órgano responsable de la secreción endocrina.
Los datos clínicos de los pacientes evaluados indican que, a diferencia del tipo 1, estos sujetos conservan la capacidad de producir insulina, pero en volúmenes insuficientes, mostrando de manera paralela una hipersensibilidad inusual a dicha hormona.
La aplicación de tratamientos convencionales bajo un diagnóstico inicial incorrecto genera efectos adversos graves en el organismo de los afectados.
El suministro de dosis estándar de insulina en estos cuadros clínicos específicos desencadena episodios severos de hipoglucemia, una condición caracterizada por la caída drástica del azúcar en la sangre que puede inducir estados de coma o consecuencias letales.
Consecuencias del diagnóstico erróneo
La doctora Meredith Hawkins, directora del Instituto Mundial de Diabetes de la Facultad de Medicina Albert Einstein, estableció que la clasificación equívoca constituye un "problema muy generalizado".
Según dijo la especialista a la BBC, la administración inadecuada del fármaco agrava la vulnerabilidad de los pacientes, indicando que "muchos de estos jóvenes con los que nos hemos encontrado con frecuencia ya no se despertaron por la mañana".
Esta situación se evidenció en casos documentados en la República Democrática del Congo, donde pacientes inicialmente catalogados con el tipo 1 experimentaron desmayos y crisis motoras tras recibir las inyecciones reglamentarias.
A nivel sistémico, la diabetes tipo 5 comparte las mismas secuelas crónicas que las variantes clásicas si no se maneja de forma adecuada.
Entre las principales complicaciones médicas comprobadas se listan la insuficiencia renal, la ceguera por daño retiniano, el deterioro de los tejidos nerviosos y dificultades de cicatrización que derivan en procesos de amputación.
Actualmente, el volumen global de personas diagnosticadas con alguna forma de diabetes supera los 830 millones de individuos, lo que incrementa la urgencia de los investigadores por delimitar con exactitud las guías terapéuticas para este grupo específico.
