Hace poco más de un año, la vida de Andrea Esperanza Basurto Vera dio un giro inesperado. A sus 41 años, la mujer que administraba una pequeña tienda en Santo Domingo hoy libra una batalla contra un cáncer de la ampolla de Váter, una enfermedad poco frecuente ubicada en la vía biliar, muy cerca del páncreas. Su objetivo sigue siendo el mismo desde el primer diagnóstico: mantenerse con vida por su hija de 13 años.

El camino comenzó mucho antes del diagnóstico definitivo. Después de una cirugía de vesícula aparecieron complicaciones médicas que nadie imaginó. La bilirrubina empezó a elevarse. Llegaron la ictericia, las náuseas, la pérdida de peso y un dolor persistente que ningún tratamiento lograba explicar.

Durante varios meses recorrió hospitales en Santo Domingo, Portoviejo y finalmente Quito. Cada examen abría nuevas preguntas. La respuesta definitiva llegó tras una larga hospitalización en el Hospital Eugenio Espejo. Los estudios confirmaron que padecía cáncer.

Una cirugía de nueve horas que cambió su destino

Los especialistas decidieron practicar una compleja cirugía de Whipple, considerada una de las intervenciones más difíciles dentro de la cirugía digestiva. El procedimiento estaba previsto para durar seis horas. Sin embargo, una complicación intraoperatoria prolongó la operación durante nueve horas.

Una arteria fue lesionada accidentalmente mientras los médicos retiraban el tumor, según versiones familiares. Andrea recibió siete pintas de sangre y permaneció varios días en la Unidad de Cuidados Intensivos. Permaneció consciente, pero recuerda el intenso dolor y la incertidumbre que acompañaron cada minuto de recuperación.

La cirugía permitió retirar cinco estructuras comprometidas, entre ellas parte del páncreas, el duodeno, el intestino delgado y tejidos de la vía biliar. Sin embargo, la biopsia reveló que uno de los ganglios continuaba afectado por la enfermedad.

La enfermedad avanzó pese a los tratamientos

Después llegaron las quimioterapias y las radioterapias. Andrea recibió varios ciclos, pero el cáncer siguió avanzando. Los médicos identificaron un nuevo tumor ubicado detrás del páncreas, el cual rodea un nervio y provoca dolores intensos que incluso la morfina dejó de controlar.

Actualmente pesa apenas 76 libras. Antes de la enfermedad alcanzaba aproximadamente las 150. La pérdida de peso refleja el desgaste físico que ha provocado un proceso médico lleno de hospitalizaciones, tratamientos suspendidos y complicaciones.

Hoy espera iniciar una tercera línea de quimioterapia en Solca Portoviejo. Los especialistas le han explicado que el objetivo ya no es curar la enfermedad, sino intentar frenar su avance y mejorar su calidad de vida.

Su hija es la razón para seguir luchando

Más allá del dolor físico, Andrea enfrenta una batalla emocional. Es madre soltera de una adolescente de 13 años. Cada tratamiento y cada hospitalización tienen un solo propósito.

"Quiero seguir viviendo por mi hija", dice con la voz entrecortada y tratando de controlar las lágrimas.

Antes trabajaba todos los días en la tienda que mantenía con esfuerzo. La enfermedad obligó a cerrarla. Perdió su independencia y hoy depende completamente del apoyo de sus hermanas, quienes cocinan, la acompañan a las consultas y permanecen a su lado durante las noches más difíciles.

La familia ya conocía el dolor de perder a un ser querido. Hace menos de dos años falleció otra de sus hermanas por complicaciones de salud. Esa experiencia fortaleció aún más el compromiso de no dejar sola a Andrea.

Una familia que no deja de luchar

Los gastos médicos continúan aumentando. Además de los medicamentos, cada viaje hacia Quito o Portoviejo implica transporte, alimentación y hospedaje. Muchas medicinas no están disponibles en los hospitales públicos y deben adquirirse de manera particular.

Para cubrir esos costos, la familia ha organizado rifas, ventas de tongas y cinco actividades solidarias. En agosto preparan un nuevo bingo con la esperanza de reunir recursos suficientes para afrontar el siguiente tratamiento.

"Por un familiar uno hace todo lo posible", afirma Graciela Basurto, hermana de Andrea. "Mientras exista una oportunidad, vamos a seguir luchando junto a ella".

Andrea mantiene la esperanza. Aunque el pronóstico médico es reservado, su fe permanece intacta.

"Dios tiene la última palabra", repite con serenidad.

Mientras espera la próxima cita con la oncóloga, continúa enfrentando el dolor día tras día. Lo hace pensando en volver a abrazar a su hija y seguir escribiendo una historia que aún no quiere terminar.

¿Cómo ayudar?

La familia de Andrea Basurto Vera mantiene una campaña solidaria para cubrir gastos de medicamentos, traslados y tratamiento oncológico, además de un bingo que se realizará en agosto de este año.

Cuenta Banco Pichincha Titular: Andrea Basurto Vera Cuenta de ahorros: 2214849815

Contacto para colaboraciones: 📞 098 633 1620 (Graciela Basurto)