Lo que parecía una noche más en el sur de Guayaquil terminó convirtiéndose en el episodio que marcó para siempre la vida de Edder Calderón, conocido por miles de ecuatorianos como ‘La Roca’. Tenía apenas 16 años cuando acompañó a dos amigos hasta un bar, pero una inesperada decisión evitó que ingresara al lugar. Segundos después, ambos jóvenes fueron asesinados en un ataque armado.

"Escuché una voz que me decía: ‘No entres’", recuerda Calderón al rememorar aquel momento que considera un punto de inflexión en su vida. Mientras sus amigos cruzaban la puerta, él permaneció afuera fumando un cigarrillo. Los disparos comenzaron casi de inmediato. "Si yo hubiera entrado con ellos, hoy no estaría aquí", afirma en una entrevista con diario EXTRA.

Aquella madrugada regresó a casa y encontró a su madre arrodillada, orando por él. Con los años llegó a la conclusión de que esas oraciones fueron fundamentales para mantenerlo con vida durante una etapa marcada por la violencia, las pandillas y el consumo de drogas.

Una adolescencia al borde del abismo

Hoy, con 44 años, Edder Calderón asegura que el apodo de ‘La Roca’ no solo representa la fortaleza física que lo hizo popular en la televisión ecuatoriana, sino también la capacidad que tuvo para levantarse después de una juventud llena de dificultades.

Aunque creció en una familia económicamente estable, recuerda que la ausencia emocional de su padre dejó un profundo vacío. Mientras buscaba afecto y reconocimiento, su padre permanecía enfocado en el trabajo.

"Yo quería que me viera competir, que estuviera en mis cumpleaños, que me abrazara y me dijera que me amaba", relata.

Ese sentimiento, asegura, derivó en resentimiento, problemas de conducta y, finalmente, en el consumo de drogas. A los 14 años comenzó una espiral que lo llevó a involucrarse con personas vinculadas a actividades delictivas e incluso a participar en robos y asaltos.

La rehabilitación que cambió su destino

El punto de quiebre llegó cuando ingresó a una clínica de rehabilitación, donde permaneció ocho meses enfrentando por primera vez una vida alejada de las drogas.

Tras recibir el alta, decidió quedarse colaborando con la fundación que lo ayudó a recuperarse. Para salir adelante vendía caramelos en los buses urbanos de Guayaquil mientras repartía tarjetas informativas sobre el proceso de rehabilitación.

Lejos de sentir vergüenza por esa etapa, hoy la recuerda como el inicio de una transformación que le permitió recuperar la confianza y comenzar a reconstruir su vida.

Del emprendimiento a la televisión

Con el paso de los años incursionó en los negocios, administró discotecas y organizó eventos, logrando estabilidad económica. Durante la pandemia volvió a llamar la atención al vender mascarillas a bajo costo e incluso entregarlas gratuitamente en sectores vulnerables de Daule y Babahoyo.

Su llegada a la televisión ocurrió después de superar gran parte de ese proceso personal. Tras participar en un casting ingresó al reality ‘Calle 7’, donde nació el personaje de ‘La Roca’, inspirado en el actor Dwayne Johnson y en la musculatura que había desarrollado gracias al entrenamiento constante.

Para Calderón, el programa significó mucho más que popularidad. "‘Calle 7’ es mi vida", sostiene. Allí conoció a Karen Ramírez, quien más tarde se convertiría en su esposa y madre de tres de sus cinco hijos.

Un mensaje de esperanza

Después de abandonar el reality en 2017, continuó dedicado a sus emprendimientos, al deporte y a ofrecer charlas motivacionales para jóvenes que enfrentan problemas de adicción o delincuencia.

Hace seis años, además, decidió fortalecer su fe cristiana, una experiencia que, asegura, transformó su vida familiar y le permitió sanar heridas del pasado.

"Todo lo que tengo y todo lo que soy se lo debo primero a Dios. Él fue quien transformó mi vida y me dio una segunda oportunidad", expresa.

Actualmente trabaja junto al productor Christian Rodríguez en el regreso de ‘Calle 7’, mientras continúa recorriendo distintos espacios compartiendo un mensaje de esperanza basado en su propia historia.

"Si Dios pudo cambiar mi vida, también puede cambiar la de ellos", concluye.