En el mundo empresarial, muchas decisiones parecen nacer de reuniones largas. Todo se discute. Todo se analiza. Pero al final, alguien tiene que decidir. Para Jorge Avellán, ese momento siempre es el mismo. Silencioso. Solo.
No lo dice con drama. Lo dice con experiencia. Así ha vivido su historia al frente de Farmacias Santa Martha. Una empresa que nació pequeña y familiar. Y que terminó convertida en una red con presencia nacional.
Avellán explica algo simple. Cuando una empresa crece, la visión se rompe en pedazos. Cada equipo ve su parte. Cada área defiende lo suyo. Pero solo el líder ve todo el mapa. Por eso insiste en una idea que repite siempre. Decidir es asumir. Y asumir, casi siempre, se hace en soledad. Y así se llama el último libro que escribió: La Soledad del Líder.
No es teoría. Es vida diaria. Son años de decisiones sin respuesta perfecta, sostiene. Momentos donde esperar puede ser peor que equivocarse. En ese punto, la soledad no es estar solo. Es cargar con lo que viene después.
La historia de Farmacias Santa Martha empieza mucho antes de su crecimiento. En 1973, en Calceta, Eduardo Zambrano abrió una pequeña farmacia. No era un plan empresarial. Era una necesidad. Con ese negocio buscaba sostener a su familia y pagar los estudios de sus hijas.
En 1979, la familia movió el negocio al mercado de Tarqui, en Manta. Allí el ritmo era distinto. Más gente. Más competencia. Más vida. La farmacia dejó de ser solo un mostrador y empezó a ser parte del barrio.
Jorge Avellán creció ahí. Entre frascos, recetas y clientes que volvían cada día. Desde los 14 años ya conocía la rutina del negocio. No desde la teoría, sino desde el trabajo real. El saludo, la urgencia, la venta rápida.
Jorge Avellán y su pensamiento empresarial
Años después trabajó como visitador médico. Pero regresó en 1997. Y volvió con una idea fija. Expandir. Ese mismo año abrió la segunda sucursal junto a su hermano Roy. Luego llegó la tercera. Y después otra más. Todo crecía rápido. A veces demasiado rápido.
El problema llegó pronto. El crecimiento no estaba ordenado. Había más sucursales que control. Más ventas que estructura. Más movimiento que sistema. La empresa estaba viva, pero desorganizada.
En 2001 llegó el punto crítico. Faltaba liquidez. Faltaban controles. Faltaba orden. Fue un momento difícil. De esos que no se olvidan. Allí entraron cambios importantes. Se implementaron cierres de caja. Inventarios claros. Sistemas básicos de control. Por primera vez, la empresa empezó a sostenerse en reglas, no solo en esfuerzo.
Desde ahí todo cambió. El crecimiento siguió. Pero con estructura. Con procesos. Con planificación. Ya no era solo abrir locales. Era sostenerlos.
La estrategia también era clara. Ganar mercado primero. Rentabilidad después. Había una frase que guiaba todo. "Conquistar antes que ganar dinero". Esa lógica llevó a la empresa a crecer con rapidez en Manabí.
En 2008 ya tenían 30 sucursales. Nació formalmente Santa Martha S.A.. La farmacia familiar ya era una red. Pero el camino no fue fácil. En 2016 llegó uno de los golpes más duros. Un terremoto destruyó 25 farmacias. Las pérdidas fueron grandes. Pero la respuesta fue rápida. En menos de 24 horas ya había locales abiertos otra vez. La idea era simple. No dejar a la gente sin atención.
Luego vino la pandemia. Otra prueba. Otra crisis. Otra vez la misma lógica. Mantener precios. Mantener servicio. Mantener presencia.
El día a día de las decisiones y los silencios
Hoy la empresa tiene presencia en nueve provincias. Más de 1.300 colaboradores. Y un centro de distribución grande y moderno que abastece cientos de locales. El crecimiento sigue. Pero el origen no se olvida.
Avellán suele decir que liderar no es estar arriba. Es decidir cuando otros duermen tranquilos. Es pensar cuando todos esperan respuestas. Es cargar con decisiones que nadie más puede tomar.
Su rutina es ordenada. Trabajo temprano. Reuniones. Lectura. Ejercicio. Escritura. No busca equilibrio perfecto. Busca claridad. Porque piensa que un líder no necesita hacer más. Necesita pensar mejor. Escribe para entender lo vivido. No para explicar teoría. Sus textos nacen de la experiencia. De errores. De decisiones. De caminos largos.
La historia de Santa Martha no es una línea recta. Es un camino lleno de crecimiento, crisis y reinicios. Pero también es la historia de una idea simple. Empezar pequeño. Crecer con disciplina. Y sostenerse con orden.
Al final, todo vuelve al mismo punto. Decidir. Asumir. Y seguir. Aunque casi siempre, ese paso final se dé en silencio.
