El régimen talibán formalizó la entrada en vigor de una nueva ley de matrimonio infantil en Afganistán, contenida en su reciente código de familia y que permite el matrimonio forzado de niñas a partir de los 10 años de edad.
La medida regulatoria, según informa el medio internacional Nikkei Asia, suprime de manera oficial las salvaguardas legales que fijaban la mayoría de edad como requisito para las uniones conyugales y restringe las causales de divorcio para las mujeres.
Otra forma de controlar a las mujeres en Afganistán
De acuerdo con denuncias de organizaciones no gubernamentales y activistas en el exilio, esta reforma jurídica busca institucionalizar el control estatal sobre la estructura familiar y la población femenina en el territorio afgano.
Zahra Nader, editora en jefe del medio independiente afgano Zan Times, operado por mujeres desde el exilio en Canadá, señaló que la normativa "intenta regular la vida familiar" y asegura que una menor afectada "no tenga forma de escapar" de la unión conyugal.
Nader explicó que la severa crisis económica del país empuja a múltiples núcleos familiares a recurrir a estas prácticas, optando por "vender" a una de sus hijas mediante el matrimonio para obtener recursos financieros que permitan garantizar el sustento del resto de los integrantes del hogar.
Por su parte, Shahrzad Akbar, fundadora de la organización de derechos humanos Rawadari, con sede en Londres, detalló que el marco legal talibán reconfigura los parámetros de la minoría de edad, considerando como niños únicamente a quienes tienen menos de nueve años.
En consecuencia, las menores de diez, doce o trece años que contraigan nupcias pierden dicha condición jurídica. Esta disposición deroga de forma directa las garantías de la Ley de Protección Infantil de 2019, dictada por la administración gubernamental precedente, la cual establecía los 18 años como la edad mínima legal para casarse.
No tienen derecho a la educación secundaria
Esta nueva ley se suscita en medio de un aislamiento sistemático de las mujeres en Afganistán, quienes ya registran la prohibición absoluta de cursar la educación secundaria, además de severas limitaciones para ejercer actividades laborales y transitar en espacios públicos.
Cálculos oficiales presentados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) apuntan a que más de un millón de niñas afganas han quedado excluidas del sistema educativo secundario desde el 2021.
Las proyecciones de la entidad internacional advierten que la cifra de deserción forzada podría rebasar los dos millones de menores para el año 2030 si se extienden las restricciones vigentes.
Al respecto, la directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, manifestó que "Afganistán no puede permitirse perder a las futuras maestras, enfermeras, médicas, parteras y trabajadoras sociales que sostienen los servicios esenciales", enfatizando el riesgo de colapso en los servicios básicos del país.
La misoginia será la "normalidad" en el futuro de Afganistán
Fereshta Abbasi, investigadora especialista en Afganistán para la organización internacional Human Rights Watch, alertó sobre las consecuencias socio-culturales a largo plazo, afirmando que la próxima generación de ciudadanos "ya no recordará lo que era normal" y la estructura social se tornará "extremadamente misógina".
Asimismo, la investigadora cuestionó las decisiones de la diplomacia global, puntualmente la reciente invitación de la Unión Europea a una delegación talibán para efectuar mesas de diálogo en Bruselas.
Abbasi contrastó dicho acercamiento político con la realidad interna de la nación asiática, denunciando que las sesiones bilaterales ocurren mientras "las mujeres afganas están atrapadas en sus casas" sin garantías fundamentales de libre circulación.