En la actualidad, las redes sociales forman parte de la rutina diaria de la mayoría de personas y se han convertido en una fuente permanente de estímulos, información e imágenes que impactan directamente en el bienestar emocional. Así lo explica Zuleyka Martínez, psicóloga, al analizar cómo este entorno influye en la forma en que las personas se sienten, se comparan y construyen su identidad.

Desde la experiencia clínica, Martínez señala que muchas personas no llegan a consulta identificando un problema concreto con su vida digital, sino expresando sensaciones más difusas, como confusión, vacío emocional o la percepción de no sentirse bien consigo mismas. Al revisar los hábitos cotidianos, aparece un patrón repetido: el uso constante del teléfono desde que se despiertan hasta que se acuestan.

Este consumo prolongado expone a las personas a una comparación permanente con la vida de otros, una comparación que no siempre es consciente, pero que termina influyendo en la autoestima. Al observar únicamente fragmentos seleccionados de otras realidades, muchas personas empiezan a minimizarse, a dudar de su propio valor y a descuidar su autocuidado emocional.

Comparación, validación y evasión emocional

Martínez explica que el uso intensivo de plataformas digitales suele estar asociado a la evasión emocional. En lugar de enfrentar problemas personales, laborales o familiares, muchas personas recurren a este espacio como una forma de postergar decisiones o evitar emociones incómodas. En ese proceso, el tiempo se diluye sin generar una sensación real de bienestar.

El problema no radica en la herramienta en sí, sino en el momento en que las redes sociales se convierten en el lugar donde una persona define quién es, cuánto vale o qué tan exitosa se siente. Cuando la validación externa pasa a ser el principal regulador del estado emocional, se produce un quiebre en la autoestima y en la percepción personal.

Otro factor relevante es la comparación constante. Aunque tomar referentes puede ser saludable y orientador, el conflicto aparece cuando la comparación deja de ser ocasional y se vuelve permanente. En esos casos, la persona deja de ver oportunidades de crecimiento y comienza a experimentar frustración, estancamiento emocional y una sensación de estar siempre en desventaja.

Sesgos cognitivos y distorsión de la realidad

Desde la psicología, este fenómeno se explica también a través de los llamados sesgos cognitivos, que son distorsiones del pensamiento. Martínez señala que en el entorno digital se refuerzan algunos de estos sesgos, como la comparación ascendente, que lleva a medir la propia vida solo frente a personas que aparentan estar mejor.

Otro sesgo frecuente es el de confirmación, mediante el cual las personas buscan contenido que refuerce pensamientos negativos previos, alimentando el malestar emocional. A esto se suma el pensamiento de todo o nada, que instala la idea de que la vida debe ser perfecta y sin errores, ignorando los procesos y dificultades que no se muestran públicamente.

Esta distorsión de la realidad puede intensificar síntomas de ansiedad y depresión, especialmente cuando la persona pierde claridad sobre sus propios objetivos y comienza a sentirse espectadora de su propia vida, sin capacidad de acción ni decisión.

Impacto en jóvenes, niños y adultos mayores

En consulta, Martínez identifica a los jóvenes como uno de los grupos más vulnerables frente al impacto emocional de las redes sociales. La ansiedad por la validación, la aprobación y la respuesta inmediata a una publicación puede generar un ciclo de expectativa y frustración que afecta directamente la autoestima.

En niños, el riesgo se relaciona con la hiperestimulación temprana. El uso del teléfono como recurso para calmar o entretener impide que desarrollen habilidades para resolver conflictos, regular emociones o estimular su creatividad. La falta de alternativas al entretenimiento digital puede tener consecuencias a largo plazo en el desarrollo cognitivo y emocional.

En el caso de los adultos mayores, aunque la validación no suele ser el principal problema, existe una mayor exposición a estafas, desinformación y contenidos manipulados. La dificultad para distinguir entre información real y falsa, especialmente con el avance de la inteligencia artificial, incrementa la vulnerabilidad de este grupo.

Autocuidado, límites y conciencia digital

Martínez enfatiza la importancia de cuestionar el contenido que se consume y de establecer límites claros en el uso de las redes sociales. Pasar largas horas frente a una pantalla puede generar la sensación de que el tiempo no alcanza y dejar un sentimiento posterior de culpa o vacío, al percibir que el día se perdió sin propósito.

El silencio, la pausa y el aburrimiento, señala, son necesarios para procesar emociones y tomar decisiones. Cuando se evita constantemente ese espacio interno, los conflictos se acumulan y el malestar se intensifica. Por ello, recomienda incorporar actividades que estimulen el cerebro, como la lectura, los juegos de mesa o el ejercicio, especialmente en etapas de mayor vulnerabilidad.

Finalmente, la psicóloga subraya que el valor personal no depende de la mirada externa ni de una reacción digital. La autoestima se construye desde la capacidad de sostenerse internamente, incluso cuando no hay aprobación inmediata. Reconocer este principio es clave para recuperar el equilibrio emocional en una época marcada por la sobreexposición y la comparación constante.