Los abrazos ya no alcanzan para contener el dolor. En los exteriores del Centro Forense de Santo Domingo, los ojos hinchados por el llanto y los silencios interminables hablaban más que cualquier palabra. Durante un año, la familia de Maholy Lema Lema vivió aferrada a una esperanza que nunca dejó de latir. Esa ilusión terminó cuando los resultados de ADN confirmaron que los restos conservados durante meses pertenecían a la adolescente de apenas 17 años.

La noticia cayó como un golpe imposible de amortiguar. La joven que soñaba con graduarse de bachiller este año ya no volvería a casa. En lugar de verla vestir toga y birrete, sus padres realizan los trámites para retirar sus restos y preparar una despedida que jamás imaginaron.

La confirmación científica puso fin a una búsqueda. Sin embargo, abrió una herida aún más profunda. Durante un año entero, la familia esperó una llamada distinta, una pista esperanzadora o una noticia que desmintiera sus peores temores. Ninguna llegó.

Santo Domingo: una familia que nunca dejó de buscar

Maholy desapareció el 16 de julio de 2025, cuando salió de su vivienda. Tenía apenas 17 años. Era estudiante del bachillerato. Según recuerda su madre, era una joven tranquila, con sueños sencillos y el deseo de terminar el bachillerato para comenzar una nueva etapa de su vida.

Ese proyecto quedó suspendido aquella tarde. Lo que siguió fue una larga travesía marcada por la incertidumbre. Sus padres recorrieron instituciones, pegaron afiches, difundieron fotografías y respondieron cada llamada con la esperanza de escuchar una noticia sobre ella.

En medio de la desesperación comenzaron a llegar mensajes extorsivos. La familia relata que les exigían grandes sumas de dinero a cambio de devolver a la adolescente. Incluso entregaron dinero creyendo que podrían recuperarla con vida. Sin embargo, nunca pudieron volver a escuchar su voz. Las amenazas continuaron durante semanas y también alcanzaron a otro de sus hijos.

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La víctima tenía 17 años - Cortesía

Santo Domingo: un año esperando respuestas

Ocho días después de la desaparición, la Policía encontró el cuerpo de una mujer enterrado en una finca de la colonia Velasco Ibarra, en la vía Santo Domingo-La Concordia. El cadáver estaba en avanzado estado de descomposición y no pudo ser identificado.

La familia consultó entonces si existía la posibilidad de que se tratara de Maholy. Según relata la madre, recibió información preliminar que descartaba esa posibilidad debido a características físicas atribuidas inicialmente a la víctima encontrada. Esa respuesta alimentó nuevamente la esperanza de que su hija continuara con vida.

Mientras tanto, los meses siguieron pasando. La familia continuó buscándola. Cada llamada, cada rumor y cada fotografía representaban una nueva posibilidad. "Solo quería volver a abrazarla", recuerda hoy la madre con la voz entrecortada.

Esa espera terminó un año después. Las pruebas genéticas confirmaron que el cuerpo encontrado enterrado en julio de 2025 sí era el de Maholy. Durante todo ese tiempo, sus restos permanecieron en el Centro Forense sin que la familia pudiera despedirse.

Santo Domingo: el dolor se mezcla con el pedido de justicia

La tragedia adquirió una dimensión aún más dolorosa para la familia cuando la investigación penal comenzó a apuntar hacia un entorno cercano. Familiares expresaron que jamás imaginaron que las amenazas extorsivas pudieran recaer sobre un pariente cercano, una situación que, asegura, ha dejado profundas heridas entre sus allegados. Sin embargo, las sospechas siempre estuvieron ahí, pues aseguran que el implicado fue la última persona que estuvo con ella. 

Actualmente existe un proceso judicial en marcha con dos personas procesadas. La Fiscalía continúa desarrollando las diligencias para esclarecer los hechos y determinar las responsabilidades correspondientes

Además del avance de la causa penal, los familiares piden que las autoridades investiguen por qué la identificación de Maholy tomó cerca de un año. También solicitan que se revisen las actuaciones realizadas durante los primeros días de la investigación, pues sostienen que recibieron información preliminar que descartó la posibilidad de que el cuerpo encontrado correspondiera a la adolescente.

Ahora la búsqueda terminó. El dolor, en cambio, apenas comienza. Donde antes había un uniforme de colegio esperando la graduación, hoy hay flores blancas y un ataúd esperando por su cuerpo, pues aún se realizan los trámites para retirarla del Centro Forense. Donde había planes para celebrar el fin del bachillerato, quedó una familia rota que solo espera conocer toda la verdad.