En Ecuador, el pulso de la economía se mide en barriles. Cada alza o caída del precio internacional del petróleo se refleja casi de inmediato en el presupuesto del Estado, en la capacidad de gasto público y en las decisiones económicas que afectan a millones de personas.
Cuando el petróleo sube, el país respira; cuando baja, el ajuste se vuelve parte del paisaje. Así, el crudo se ha convertido en un factor decisivo de la estabilidad —o inestabilidad— económica nacional.
El petróleo no es solo un recurso natural: es una fuente constante de ingresos y, al mismo tiempo, una de las principales causas de vulnerabilidad. La menor calidad del crudo ecuatoriano, los vaivenes del mercado internacional y la fuerte dependencia fiscal han alimentado un ciclo repetido de bonanza y crisis. Un modelo que ofrece alivios temporales cuando los precios son favorables, pero que expone rápidamente sus debilidades cuando el mercado se vuelve adverso.
Para un país exportador como Ecuador, el precio del barril no es una cifra lejana que se observa desde afuera. Es una variable que se siente de inmediato en las finanzas públicas. Cada dólar que sube o baja el petróleo puede marcar la diferencia entre un presupuesto manejable o un déficit creciente.
Esta relación directa ha definido la historia económica reciente del país y explica por qué el petróleo sigue ocupando un lugar central en cualquier debate sobre crecimiento, estabilidad y futuro económico, señala un artículo publicado por Gregorio Moreno para la página web Fideval.
¿Qué significa realmente el precio del petróleo?
Cuando se habla del "precio del petróleo", generalmente se hace referencia a marcadores internacionales. El más conocido es el WTI (West Texas Intermediate), un crudo ligero y de alta calidad producido en Estados Unidos que funciona como referencia global. Otro marcador importante es el Brent, utilizado principalmente en Europa.
Ecuador no produce ninguno de estos crudos de referencia. Su producción se concentra en petróleos como el Oriente y el Napo, que son más pesados y contienen mayor cantidad de azufre. Esta diferencia técnica tiene consecuencias económicas claras: el crudo ecuatoriano se vende con un descuento frente al WTI.
En la práctica, aunque el WTI se cotice a USD 70 por barril, Ecuador recibe menos por cada barril exportado. Considerando que un barril equivale a 42 galones y que el país exporta cientos de miles de barriles diarios, pequeñas variaciones de precio se traducen en millones de dólares de diferencia para el Estado.
Bonanza petrolera y dependencia
La explotación petrolera a gran escala comenzó en Ecuador en la década de 1970. Desde entonces, el petróleo se convirtió en el eje de la balanza petrolera, es decir, la diferencia entre las exportaciones de crudo y las importaciones de combustibles derivados como gasolina y diésel. Durante años, los ingresos petroleros permitieron financiar infraestructura, programas sociales y expansión del gasto público.
Sin embargo, esa misma bonanza consolidó una dependencia estructural. El modelo se repitió durante décadas: precios altos generaban holgura fiscal; precios bajos provocaban crisis, endeudamiento y recortes. La economía ecuatoriana se volvió altamente sensible a una variable que no controla.
Crisis que marcaron al país
A finales de los años noventa, el país vivió uno de los episodios más duros de su historia económica. En 1999, la crisis bancaria interna coincidió con precios internacionales del petróleo deprimidos. Los ingresos fiscales se redujeron drásticamente y el Estado perdió capacidad de respuesta. Este escenario fue uno de los factores que condujeron a la dolarización en el año 2000.
En 2008, el contexto fue distinto pero igualmente revelador. El petróleo superó los USD 100 por barril y permitió una fuerte expansión del gasto público. No obstante, la crisis financiera global provocó una caída abrupta de los precios en 2009. El impacto sobre las finanzas públicas fue inmediato y dejó en evidencia la fragilidad de un modelo excesivamente dependiente del crudo.
El golpe más extremo llegó en 2020, durante la pandemia de COVID-19. En abril de ese año, el precio del WTI cayó a niveles cercanos a los USD 10 por barril e incluso registró valores negativos en los mercados de futuros. La demanda mundial se desplomó y el petróleo ecuatoriano fue arrastrado por esta caída histórica, generando un fuerte impacto fiscal en medio de una crisis sanitaria.
Recuperación incompleta y nueva volatilidad
Tras la pandemia, los precios comenzaron a recuperarse de forma gradual. En 2023, el WTI volvió a superar los USD 70 por barril, ofreciendo un respiro a las cuentas públicas. Sin embargo, la recuperación fue irregular. Para 2025, el presupuesto del Estado se construyó con un precio referencial cercano a los USD 62-63, en un mercado marcado por fuertes fluctuaciones, señala Moreno.
Durante el último trimestre de 2025, el precio del WTI mostró una clara tendencia a la baja. Octubre comenzó alrededor de USD 61,78, alcanzó picos de USD 62.62 y luego cayó hasta USD 55.27 en noviembre. A mediados de diciembre, se estabilizó cerca de USD 57.44, por debajo de las expectativas iniciales. Esta volatilidad volvió a tensionar las finanzas públicas.
Producción petrolera bajo presión
El precio no es el único problema. La producción petrolera nacional también enfrenta dificultades estructurales. En el último trimestre de 2025, la producción combinada de Petroecuador y las empresas privadas fue irregular.
A finales de octubre se registraron picos cercanos a los 475.000 barriles diarios, pero en noviembre la producción cayó hasta poco más de 407.000 barriles. En diciembre, hubo una leve recuperación hacia los 464.000 barriles diarios.
Estos altibajos responden al envejecimiento de los campos, problemas de mantenimiento, conflictos sociales y limitaciones de inversión. Para un país dependiente del petróleo, producir menos barriles en un contexto de precios volátiles agrava el impacto negativo sobre la economía.
El crudo Oriente y Napo se vende con un descuento frente al WTI debido a su menor calidad. Este castigo reduce los ingresos fiscales incluso cuando el precio internacional sube. Por ello, mejorar la eficiencia productiva y avanzar hacia una mayor diversificación económica se vuelve clave para reducir la vulnerabilidad del país.
Subsidios: un tema sensible
Desde 1974, el Estado ecuatoriano subsidia combustibles como la gasolina, el diésel y el gas. Estas políticas han tenido un alto costo fiscal y fuertes efectos sociales. A lo largo de los años, distintos gobiernos han intentado reducirlos, con resultados desiguales y, en muchos casos, con protestas sociales.
Un hecho histórico ocurrió en diciembre de 2025: por primera vez, el precio del diésel superó al de la gasolina Extra. El diésel alcanzó los USD 2,768 por galón, mientras la gasolina se fijó en USD 2,72. Este cambio refleja la presión fiscal y la dificultad de sostener subsidios en un país que importa cada vez más combustibles.
Un dilema que sigue abierto
Gregorio Moreno plantea que la historia petrolera del Ecuador es una sucesión de ciclos de alivio y crisis que han limitado la capacidad del país para planificar a largo plazo.
Hoy, a inicios de 2026, el país enfrenta un dilema estructural. Con precios volátiles, producción irregular y una balanza petrolera cada vez más ajustada, la pregunta central sigue vigente. Como advierte Gregorio Moreno, el verdadero riesgo no es que el precio del petróleo suba o baje, sino que el Ecuador continúe dependiendo de un recurso cuyo comportamiento no controla. (10).