Dorothea Puente, una mujer que administraba una pensión para personas vulnerables en California, fue detenida en 1988 y posteriormente condenada por homicidio, tras descubrirse que durante años asesinó a inquilinos y amigos con el fin de cobrar sus beneficios de seguridad social.

Bajo una apariencia tranquila y una conducta considerada amable por sus vecinos, Dorothea Puente ocultó durante décadas una serie de crímenes que la convirtieron en una de las asesinas seriales más conocidas de Estados Unidos. Su caso estremeció a la opinión pública por el contraste entre su imagen de abuela solidaria y los hechos que posteriormente fueron comprobados por la Justicia.

El caso que conmocionó California

Según investigaciones judiciales y policiales, Puente tuvo una infancia marcada por la violencia doméstica y el alcoholismo. Sus padres fallecieron cuando ella tenía apenas nueve años, lo que la llevó a pasar parte de su niñez y adolescencia en orfanatos, donde habría sufrido distintos tipos de maltrato. Especialistas señalaron que estos antecedentes formaron parte del análisis de su perfil psicológico, aunque no justificaron sus crímenes.

Su primer antecedente penal se remonta a 1948, cuando fue arrestada por falsificación de cheques. A lo largo de los años acumuló diversos cargos vinculados a fraudes, además de cambiar de identidad y contraer matrimonio en varias ocasiones para evadir a las autoridades. Finalmente, se estableció en California, donde abrió una pensión destinada a ancianos e indigentes.

La fachada de la pensión

La pensión administrada por Puente se convirtió en el eje central de su modus operandi. Allí recibía personas en situación de vulnerabilidad, lo que le permitió ganar el respeto y la confianza de la comunidad. Sin embargo, las investigaciones determinaron que esa fachada le facilitó cometer los crímenes y apropiarse de los cheques de seguridad social de sus víctimas.

De acuerdo con los informes policiales, la mujer drogaba a sus inquilinos y posteriormente los asesinaba. Luego, ocultaba los cuerpos en el jardín de la propiedad, que con el tiempo se transformó en un cementerio clandestino. El móvil económico fue uno de los aspectos centrales acreditados en el proceso judicial.

La caída y el hallazgo

En 1982, Puente fue arrestada por el robo a tres personas. Uno de esos casos derivó más tarde en una investigación por homicidio, lo que la llevó a prisión. Tras recuperar la libertad, regresó a la misma pensión y continuó con sus actividades, aunque su imagen ya comenzaba a generar sospechas.

El punto de quiebre se produjo en 1988, cuando un vecino alertó a la Policía por la desaparición recurrente de personas que ingresaban a la vivienda. Durante el allanamiento, las autoridades encontraron varios cuerpos enterrados en el jardín, confirmando las sospechas que rodeaban al lugar.

Puente fue acusada de nueve homicidios, aunque finalmente fue condenada por tres, en un juicio en el que declararon más de 150 testigos. Tras intentar huir utilizando una identidad falsa, fue detenida días después.

Condena y legado del caso

La Justicia estadounidense la sentenció a cadena perpetua, pena que cumplió hasta su muerte en 2011, a los 82 años. El caso generó un amplio debate sobre las fallas en los sistemas de asistencia social y la protección de personas vulnerables, además de convertirse en uno de los expedientes criminales más estudiados en California.