En Chone, una carroza de hierro con cinco figuras en tensión recuerda que el progreso también se empuja a pulso. A 86 años de la llegada a Quito de Los Raidistas, la ciudad volvió a mirar una hazaña que rompió el aislamiento regional y abrió camino entre la Costa y la Sierra cuando las carreteras eran apenas una promesa.

El aniversario número 86 del raid protagonizado por Los Raidistas se conmemoró el miércoles 28 de enero en el redondel que lleva su nombre, punto de memoria donde familiares y autoridades evocaron una travesía que transformó la geografía económica y simbólica del país. No fue solo un viaje: fue el inicio de una conexión que cambió la historia local y nacional.

Los Raidistas lograron la unión de Costa y Sierra

En el acto, la voz de los descendientes puso rostro humano a la epopeya. Bolívar Aray, hijo de Artemio Aray, asistió junto a sus hermanos y recordó a su padre y a sus compañeros de ruta como hombres comunes con una determinación extraordinaria. "No solo fue la hazaña de mi padre y de los otros Raidistas; fue el acto que permitió la unión de un país", expresó, antes de rendir un tributo musical que conmovió a los asistentes.

Algunos datos clave de la gesta

  • Fecha de inicio: diciembre de 1939
  • Fecha de llegada: 28 de enero de 1940
  • Duración: 53 días de avance continuo
  • Vehículo: Chevrolet descapotado de 1931
  • Ruta: Chone-Quito
  • Protagonistas: Carlos Alberto Aray, Emilio Hidalgo, Juan de Dios Zambrano, Artemio Aray y Plutarco Moreira

Una travesía contra la selva y la cordillera

La marcha fue una lucha diaria contra la maleza, el lodo y la pendiente. Sin maquinaria pesada ni caminos trazados, el equipo avanzó palmo a palmo, abriendo trocha donde solo había selva cerrada. La logística fue mínima; la voluntad, máxima. Cada metro ganado era una victoria colectiva.

A bordo del Chevrolet, las herramientas básicas y la convicción sostuvieron el avance. El raid demostró que la conectividad no depende únicamente del asfalto, sino del empuje humano capaz de desafiar la geografía. Aquella ruta inicial se convirtió, con el tiempo, en el eje de un intercambio comercial y social que integró dos regiones históricamente separadas.

El 28 de enero de 1940, el vehículo cubierto de polvo y gloria ingresó a Quito, marcando un hito que superó la travesía para instalarse como símbolo de progreso. La llegada selló una promesa: el país podía conectarse desde el esfuerzo local.

En términos simples, un raid es una travesía hecha para comprobar que un camino puede existir. Eso fue lo que ocurrió entre Chone y Quito: no había vía, no había garantías, solo la decisión de avanzar y demostrar que la conexión era posible. 

Memoria viva y orgullo local

Durante la ceremonia, Ivón Chica, vicealcaldesa del cantón, destacó la importancia de preservar esta memoria. En nombre del alcalde Leonardo Rodríguez, subrayó que la gesta enseña que "los límites no están en la geografía, sino en los sueños", un mensaje que resonó entre generaciones.

El homenaje también tuvo un componente artístico. La memoria de Emilio Hidalgo, conocido como el violinista de Chone, revivió en la voz de su bisnieta Britany Andrade y en las interpretaciones de su hijo y su nieto, quienes cerraron la jornada con música y emoción.

Hoy, el legado de Los Raidistas se preserva en espacios públicos, actos conmemorativos y en instituciones locales que custodian la historia, como la Cooperativa de Taxis que lleva su nombre. A 86 años de la proeza, la gesta sigue ofreciendo contexto: la conectividad que hoy se da por sentada nació de una travesía real, documentada y colectiva, que convirtió el esfuerzo ciudadano en motor de desarrollo para Manabí y el país.

Con información de César Vélez.