El proyecto del nuevo Museo Nacional del Ecuador (MUNA), una de las obras culturales más ambiciosas previstas para Quito, atraviesa una de las mayores controversias de su historia antes de que se coloque la primera piedra.

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La proclamación de la propuesta "Estratos Vivos", desarrollada por el equipo SANAA-A0-CPA-JHS, como ganadora del concurso internacional ha generado una ola de cuestionamientos dentro y fuera del país.

La polémica surgió luego de que el Gobierno decidiera dejar sin efecto el resultado original del certamen, en el que el jurado técnico había elegido como vencedor al reconocido arquitecto español Alberto Campo Baeza con su propuesta "Ecos del Sol".

La decisión de reabrir el proceso mediante una nueva evaluación, que combinó un 85 % de la calificación de un nuevo jurado con un 15 % de votación ciudadana, fue tomada tras las críticas que circularon en la red social X. Sin embargo, lejos de cerrar el debate, la medida ha multiplicado las dudas sobre la transparencia del concurso y ha despertado fuertes cuestionamientos desde el ámbito internacional.

Acusaciones de presiones y un fallo cuestionado

Las críticas más severas provienen del arquitecto español Alejandro Zaera Polo, integrante del jurado técnico original y una figura de amplio reconocimiento internacional.

Durante una entrevista en el pódcast Politizados, el especialista reveló que semanas antes de oficializarse el primer fallo, los miembros del jurado habrían recibido una solicitud para ubicar la propuesta de SANAA en el segundo lugar de la clasificación.

Según Zaera Polo, la petición fue rechazada de manera unánime porque el proyecto no alcanzaba los estándares técnicos mínimos para competir por el primer lugar y, en la evaluación inicial, apenas calificaba para recibir una mención honorífica.

A juicio del arquitecto, esa modificación habría permitido sustituir posteriormente al ganador original sin necesidad de reiniciar completamente el concurso.

Las declaraciones han reavivado el debate sobre la independencia del proceso y sobre la decisión del Ejecutivo de desconocer el criterio del panel técnico que evaluó durante meses las propuestas presentadas por estudios de arquitectura de distintos países.

Riesgos para el edificio y para el patrimonio

Más allá de las críticas al procedimiento, Zaera Polo sostiene que la propuesta finalmente seleccionada presenta importantes problemas técnicos que podrían comprometer tanto la construcción del edificio como la conservación del patrimonio que albergará.

Entre las principales observaciones menciona inconsistencias estructurales en el diseño, debido a que las columnas planteadas en los planos no tendrían continuidad con la estructura inferior, incumpliendo requisitos establecidos en las bases del concurso.

También advierte que el uso predominante de fachadas de vidrio, terrazas transitables sobre las salas de exposición y cubiertas abiertas al público incrementaría significativamente el riesgo de filtraciones de agua, problemas térmicos y vulnerabilidades de seguridad.

El nuevo MUNA está destinado a custodiar más de 1,2 millones de piezas patrimoniales, por lo que cualquier falla constructiva podría tener consecuencias irreversibles.

Otro de los aspectos cuestionados es la ubicación de las reservas museográficas bajo el nivel del suelo. Según el arquitecto, el terreno donde se edificará el museo presenta un nivel freático elevado por tratarse de una antigua laguna, condición que, sumada a la actividad sísmica característica de Quito, incrementaría el riesgo de inundaciones.

Zaera Polo también considera que las salas curvas y los cerramientos de vidrio limitan la flexibilidad museográfica requerida para albergar exposiciones temporales de gran formato, reduciendo la capacidad funcional del edificio a largo plazo.

Pie de foto: Especialistas advierten que el diseño seleccionado podría incrementar los riesgos estructurales y de conservación del patrimonio cultural.

Costos, plazos y nuevas críticas internacionales

Los cuestionamientos no terminan en el diseño arquitectónico. Zaera Polo sostiene que la envolvente de vidrio propuesta elevará considerablemente los costos de construcción, climatización y mantenimiento del edificio durante toda su vida útil.

Además, vinculó la selección del proyecto con el desarrollo inmobiliario previsto en el entorno del parque La Carolina, donde se proyectan torres residenciales de gran altura. En su criterio, el museo perdería protagonismo urbano frente a esos futuros edificios y dejaría de convertirse en un verdadero referente institucional para la ciudad.

El arquitecto también puso en duda el cronograma planteado por el Gobierno, que prevé construir el museo en dos años. Asegura que las modificaciones técnicas que requerirá el proyecto extenderían la ejecución entre cuatro y cinco años, con el consecuente incremento del presupuesto público.

Las críticas internacionales también fueron respaldadas por el estudio mexicano PRODUCTORA, que participó en el concurso junto al arquitecto ecuatoriano Handel Guayasamín.

En un pronunciamiento público, la firma calificó el desenlace del proceso como un "desastre político y mediático" y expresó su profunda frustración por la manera en que se modificó el concurso una vez emitido el fallo original.

El estudio recordó que el proyecto ganador había sido oficialmente seleccionado el 6 de julio por el jurado técnico, pero posteriormente el Gobierno rompió el proceso desarrollado junto al Colegio de Arquitectos del Ecuador-Pichincha y convocó a una nueva evaluación.

Según PRODUCTORA, los participantes solicitaron conocer las calificaciones y los informes técnicos que sustentaban las decisiones del jurado, información que —afirman— nunca fue entregada.

La firma también cuestionó que la decisión final incorporara una votación ciudadana basada únicamente en un video de 45 segundos, seis imágenes y un texto de 200 palabras por proyecto, formato que calificó como insuficiente para evaluar una obra de esta magnitud.

Mientras el Gobierno defiende el proceso y mantiene su intención de avanzar con la construcción del nuevo MUNA, las críticas continúan. Lo que debía convertirse en un símbolo de la renovación cultural del país se ha transformado, por ahora, en uno de los concursos arquitectónicos más controvertidos de la historia reciente del Ecuador. (10).